Un órgano en el espacio
Interstellar (2014) · Hans Zimmer
Antes de contarle de qué iba la película, Christopher Nolan le dio a Zimmer una sola página dentro de un sobre. No hablaba de naves ni de agujeros negros. Era una pequeña historia sobre un padre que tiene que dejar a su hijo para hacer un trabajo importante, con dos frases de diálogo: «Volveré» y «¿Cuándo?». Zimmer tenía un día para escribir algo y enseñárselo.
De ahí salió un tema íntimo, casi de cámara, que acabó siendo el centro de la partitura. Para hacerlo crecer hasta el tamaño del espacio, Zimmer eligió un instrumento inesperado: el órgano de la Temple Church de Londres, construido en 1926 por Harrison & Harrison y tocado por Roger Sayer, el organista de la iglesia.
Zimmer contó que los tubos le recordaban a los propulsores de una nave, y que un instrumento que suena con aire le hacía pensar en que, para un astronauta, cada respiración cuenta. Al órgano se sumaron 34 cuerdas, 24 vientos, cuatro pianos y un coro de 60 voces, grabados en Londres en la primavera de 2014.
La partitura estuvo nominada al Óscar. Pero lo que la hace distinta es el contraste: la película habla de galaxias y la música, todo el rato, de un padre que se va.